lunes, 4 de agosto de 2008

Ex Rhodia, tras la verdad.

Bautizado como Dorrego Reserva Urbana y prometiendo árboles, paz y diseño a minutos de Capital, la desarrolladora Plaza Verde comercializa las últimas parcelas a "apenas mil metros del centro de Quilmes y veinte minutos de la ciudad de Buenos Aires", ofreciendo un refugio natural con calles adoquinadas, árboles centenarios y todos los servicios de un barrio cerrado.
Es definida comercialmente como una opción única en seis hectáreas de terreno forestadas con eucaliptus, araucarias, robles, palmeras y otras 10 especies de árboles, que valorizan las propiedades y permiten disfrutar de la tranquilidad de un entorno natural y seguro, donde la sombra de los edificios no puede llegar.Además se destaca que distintas vías de acceso (la Autopista Buenos Aires-La Plata y la Avenida Mitre) acercan en pocos minutos tanto al centro comercial quilmeño como el corazón de Buenos Aires y permiten continuar con todas las actividades de la vida cotidiana sin interferencias.
El barrio contaría con pileta climatizada, piscina para niños, solarium con deck, gimnasio, spa/belleza, vestuarios, salón de juegos, sala de reuniones, home/office, (todos diseñados con la comodidad de las últimas tendencias en urbanización) y vigilancia privada.
Y prometen escrituración inmediata.


En la vereda de enfrente, y en este caso no sólo como metáfora, los históricos vecinos estan que trinan. Y se reunen, debaten y presionan por lo que consideran es justo. Desde la afirmación de que los terrenos estarían contaminados con talio, un elemento químico cuyo uso se ha eliminado en muchos países debido a sus efectos cancerígenos, hasta la complicación de la situación de infraestructura y obviamente el lamento por la pérdida de un bosque al que se considera la última oportunidad de contar en la zona con un espacío así, todos los argumentos son válidos para la defensa de los intereses vecinales. Un bosque similar al que alguna vez hubo donde hoy es el estacionamiento desértico de Quilmes Factory.
Desde la municipalidad, las respuestas dejan final abierto. Se afirma que durante la gestión anterior fue aprobada la factibilidad, no así el proyecto, y se insinúa la posibilidad de convocar a una audiencia pública en busca de consenso. Una posibilidad cada vez más lejana en tanto los lotes siguen vendiéndose y los vecinos crecen en su reclamo.
Es de preguntarse cómo se puede llegar a una situación como esta. Por un lado, una empresa que promete escrituración inmediata en un distrito cuyos funcionarios declaran que no hay plano aprobado y los vecinos llegan a la acción en su afán de impedir la obra. Y el caso es quizás el mas resonante, pero no el único.
En el medio, promesas, legislación ambigua e incertidumbre, al menos en quién esté informado.
El final abierto desde luego deja lugar a múltiples hipótesis, aunque ninguna de ellas sería pionera. Puede que finalmente el proyecto no se apruebe tal como fue comercializado, o que sí, pero deba ajustarse en su relación con el entorno.
Lo que no es hipótesis sino cruda realidad, es que la relación entre los actuales y futuros vecinos jamás será como debiera ser, amena, cordial, humana.
Y así, no se hace ciudad.

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