miércoles, 4 de marzo de 2009

Quilmes... Sacate el Antifaz, te Quiero Conocer...

En estos días se han terminado los festejos del carnaval. Muchos no tendrán idea de porque es esto, para otros es solo una ocasión de una obligada diversión, que no se sabe muy bien de dónde salió y a veces no nos importa.

Pero no siempre fue así.

Es más, en algunas ocasiones las fiestas de carnaval no solo eran una ocasión digna para divertirse, sino que también para realizar tareas de ayuda a la comunidad.
¿Como es esto? Ya lo veremos…

Reglamento para los carnavales de Quilmes

Vayamos primero al Quilmes de fines del siglo XIX, y leamos detalladamente como las autoridades ¨reglamentaban¨ estos festejos:


Aviso de Juzgado

Estando próximo los días de Carnaval, el que firma hace saber al vecindario:

1- Que las horas del juzgado serán desde las dos de la tarde hasta ponerse el sol, las que serán anunciadas por el disparo de tres cohetes voladores al empezarse el fuego y otros tres a su cese.

2- Es completamente prohibido jugar con huevos de avestruz y otros objetos que puedan causar daño.

3- Todo individuo que quiera salir en comparsa o con disfraz deberá ocurrir al juzgado de Paz a solicitarlo, donde se le dar una tarjeta gratis, con la que probara haber llenado este requerimiento.

4- Los infractores a esta disposición serán penados según la gravedad del caso.

Quilmes, Febrero de 1876

FELIPE AMOEDO
JUEZ DE PAZ


Parece que para estas fechas no se iban con chiquitas, por suerte no abundan los avestruces en la actualidad.
Estos datos fueron extraídos del diario el Quilmeño, de febrero de 1876.

Permiso para disfrazarse

Los edictos policiales y en este caso del Juzgado de paz, penaban al que se presentaba enmascarado en las fiestas, sin autorización de la comisaría. En el antigua Carnaval la gente usaba máscaras y uno de los disfraces más populares era el de Dominó, que era una gran capa con capucha y antifaz. Algunos aprovechaban el anonimato para robar. Incluso había quienes se disfrazaban de equilibristas y hacían pirámides humanas para subirse a los balcones y entrar a las casas. La autorización era una forma de control. Quienes la obtenían debían usar una medalla en un lugar visible". Otro edicto prohibía tocar silbato por la calle. Más o menos como ahora…


El Carnaval en Quilmes

Muy bien, vayamos ahora a los años 20. Específicamente en 1928. En la conocida y prestigiosa revista Caras y caretas, del 17 de marzo de 1928, en su número 1537, correspondiente a su año XXXI, tenemos un número dedicada al festejo de los carnaval, en la ciudad de Bs. As y en los partidos del gran Bs. As., como también y en algunas provincias. De allí hemos copiado la relacionada a Quilmes
La revista nos muestra aquí, 5 fotografías, con familias caracterizadas de Quilmes.


Las Fotos muestran a:

Señoritas de Fernandez, Marquet, Thonkow, Berton y Saint Pierre.

Señoritas de Giordano, Pretipino (es Prestipino), Geaima (¿no será Giaimo?), Casals, Zarraza y Oquele, en su palco.

Palco ¨Doña Francisquita, de las señoritas de Murua, Carranza, Guido, Valera (o Valerga?) y Cabezudo.

Auto ganador del primer premio en el corso, y que fue ocupado por la familia de Suárez.

El carnaval, es un festejo que comprende el sábado, domingo, lunes y martes anterior al miércoles de Ceniza, festividad católica, con el cual comienzo la cuaresma, periodo de tiempo del calendario litúrgico, que comprende 40 días de espera a la Semana Santa y los viernes de cuaresma son de ayuno y abstinencia de carne, de allí viene las palabras ¨carnem levare¨, o sea ‘quitar la carne’, aludiendo a la prohibición de comer carne durante los viernes de cuaresmales.

Y en Quilmes... sí que era una fiesta!

País de los Quilmes agradece al ing. Rodolfo Cabral, director de Museos de Quilmes, por el envío de este material.

1 comentario:

joan benavent dijo...

Conocí el carnaval de Quilmes en dos frentes: uno era el del vecindario. Otro el célebre Corso en la Avenida 12 de Octubre.
El de los vecinos chorreaba agua desde los pomos y los baldazos de agua. En los últimos, intervenían todos, sin límites de edad, o casi. Salvo los bebés, o los más chiquitines y la gente de cierta edad, nadie se salvaba del baldazo, bien surtido desde las canillas de cada casa.
Era una forma de socializarse que no esquivaba la fraternidad ni otros asuntos algo menos cariñosos. No obstante, primaba el cierto decoro y el buen rollo en todos los casos. Mi padre era un entusiasta del fair play, y yo me apuntaba con entusiasmo. También mi hermana: "La gellega" que evoca el papá de Gustavo Llusa.
Los matrimonios jóvenes o de mediana edad se daban de lo lindo. También alguna pareja en ciernes, de ésas, en la que él o ella no se atrevían a entablar conversación pese al mútuo atractivo.
De los ruidosos carnavales barriales, entre disfraces y baldazos, surgieron novios, esposos y amantes.
Era ante todo una celebración desmelenada de chalé a chalé. En el albedrío se respiraba libertad y muchs risas.
No es lo único que recuerdo con añoranza ed aquellas insoslayables "fechas patrias". El Corso de la 12 de Octubre era digno de verse, con las murgas tradicionales y las de los barrio, con muchas que los chicos de entonces improvisábamos con trapos viejos, el tama tam de latas vacías de aceite Cocinero golpeads ritmicamente con un palo, y mucha imaginación.
Franqueando los desfiles murgueros, en las veredas lindantes, repletas de bares y puestitos de bebidas y golosinas, las familias bebían mares de cerveza espumante, picoteando los maníes y aceitunas del aperitivo sin dejar de festejar el desfile.
Quilmes era una fiesta en aquellos días de tiempos mejores.
Mi mejor disfraz fue el de Zorro; uno de los más populares gracias a "Casa Lamota", donde "Carlota" se vestía, según rezaba el slogan.
El que yo estrené me lo cosieron en casa, junto a una fantástica capa negra que un día extravié para siempre.
No sé qué fue de ella, ni del disfraz. Pero el título de mi blog de opinión lo rescata hoy, desde los carnavales inolvidables de mi infancia quilmeña.
Benavent