viernes, 9 de octubre de 2026

Quilmes desde el aire en 1938

 




Foto del Archivo General de la Nación. Sin fecha pero está archivada junto a un grupo de fotografías tomadas en 1938.

Abajo a la derecha se ve la plantación de frutales de George Brougham y la primera casa subiendo por el margen derecho es la suya. La primera calle es Primera Junta, frente a C.A.T.Y.A. y hacia arriba al noroeste se ven los campos de deporte del San Jorge y hacia la izquierda el Q.A.C. y arriba a la izquierda la Cervecería.

jueves, 8 de octubre de 2026

Casas y otras obras de estilo modernista en Quilmes


El estilo Racionalista dentro de la vertiente del art déco náutico (también conocido popularmente en la región del Río de la Plata como "estilo barco" o Streamline Moderne) es un  movimiento arquitectónico que fue sumamente popular en Argentina y Uruguay durante las décadas de 1930 y 1940, funcionando como la transición perfecta hacia la arquitectura moderna.


Agencia Chevrolet de Fernando Alaimo, Hipólito Yrigoyen y Alsina, Quilmes.

Al tomarse la fotografía (Ítalo Nonna, c.1970) la torre significativa, que aún existe, permanecía en buen estado. 


Sede del Sindicato Condor en la IMPA, Quilmes.

En Quilmes también se concretaron las primeras obras racionalistas. No es una presencia abrumadora pero los comitentes que optaron por obras de estilo disruptivo tenían motivos para hacelo, ellos mismos estaban al frente de nuevos programas productivos  ode actividades que requerían de una imagen acorde a los cambios científicos, tecnológicos y sociales.
El Sindicato Cóndor Ltda. (filial sudamericana de la aerolínea alemana Condor Syndikat) instaló su base de operaciones e importantes talleres en Quilmes a finales de la década de 1920.
Creada inicialmente en Berlín para desarrollar rutas en Sudamérica, la empresa dio origen a aerolíneas emblemáticas de la región. Sus talleres y campo aéreo en Quilmes le dieron un fuerte impulso a la actividad aeronáutica local.
La compañía dejó de volar abruptamente a mediados de diciembre de 1941 debido a presiones políticas y recortes de combustible durante la Segunda Guerra Mundial.


Edificio de locales comerciales y viviendas de Hnas. Ithuralde, arq. Alejandro Virasoro, Alvear 586. 

Se presume que la ejecución estuvo a cargo de la Empresa Constructora ing. Virasoro Basavilvaso.
El mérito de la obra reside, en parte, en las proporciones concedidas al edificio aquí dificiles de apreciar por la contaminación visual y el tratamiento individual dado a los locales de planta baja, algo de esperar y que sucede irremediablemente en la arquitectura concebida como unidad pero de uso compartimentado.


Entrada al edificio San Juan, Alvear esquina Rivadavia, del arquitecto Alejandro Virasoro.

A cualquier ciudad de Argentina la enorgullecería contar con una obra de Alejandro Virasoro. Quilmes cuenta con el edificio de viviendas sobre Alsina, el edificio San Juan y los tramos sobre Alsina y Alvear que unen ambos edificios.

Viviendas unifamiliares



Casa Bonomi, calle Olavarría 59, Quilmes.

Esquina de las calles Cramer y Tacuarí en la localidad de Bernal (Partido de Quilmes)

Sarmiento al 891, Quilmes. Empresa constructora Broeders y Braga Constructores.

Tal como sucedió con los chalés las casas racionalistas llevan el nombre del constructor y en algún caso del ingeniero constructor pero ya entrada la década de 1940 las obras con el nombre de A. Virasoro, Rivarola, Pater y Morea y A. Jacobs o del ingeniero A. Baldassarini pertenecen a profesionales con trayectoria no radicados en Quilmes.


Casa en la calle Mitre 486. Villani, Moreno y Prieto, arquitectos.

Vivienda de filiación racionalista con tres planos retrazados con los dos primeros vinculados mediante el balcón con resabios de diseño náutico.
Los arquitectos tuvieron una importante producción en las décadas de 1930 y 1940, en Mar del Plata, que incluye viviendas racionalistas, casas adscriptas al pintoresquismo marplatense y el Yath Club Argentino en Mar del Plata.

Casa Juan Thörmahlen, Brandsen 498, Quilmes, 1936.

En este caso el volúmen cilíndrico articula el desfasaje entre los dos prismas rectangulares separados funcionalmente, en el interior, por la circulación.

Thörmahlen primero construyó el chalé tradicional lindero, ubicado hacia la izquierda. El hecho de que optara por un lenguaje moderno para la segunda vivienda pudo deberse a la circulación de información sobre la producción que se llevaba a cabo en Alemania lo que supone.

 

Casa Bianchi, arq. Benedicto Bianchi, Alsina 570, Quilmes. 

Fotografía del Archivo General de la Nación. Vivienda racionalista con resabios Art Deco. El volumen de circulación vertical con remate semicilíndrico que acompaña al descanso de la escalera es su rasgo distintivo que direcciona el acceso mediante la gran escalera hacia la terraza. En la fotografía se aprecia se aprecian las dos terrazas totalmente orientadas hacia las tierras bajas y el río.

Casa en Av. Hipólito Yrigoyen 219, Quilmes.

Interesante propuesta con los beneficios se un amplio lote optimizando la orientación con amplias ventanas en el muro curvo y la esquina ortogonal posterior. Aprovechamiento de la terraza con pérgola y vistas al frondoso jardín.

Alsina 280, Quilmes.

Este es otro ejemplo de la influencia de preceptos modernistas, difundidos en las décadas de 1940 y 1950, adaptados a lotes urbanos de ancho restringido con espacio para entrada del automóvil con condiciones semejantes a las pautas que determinaron la serie de chalés ya revisados.

Los frentes en "L" suelen evitar la esquina ortogonal reemplazándola por un cuarto de cilindro con paños contínuos de carpintería, facetados, en ambos niveles y un balcón con caladuras y baranda que fortalecen la propuesta volumétrica direccionada hacia el ingreso.


Características náuticas y racionales visibles en esta fachada

• Balcones en voladizo curvos: La esquina redondeada y el diseño continuo de los balcones y aleros emulan las cubiertas y pasarelas de los grandes buques transatlánticos de la época.

• Ventanas "ojo de buey": Justo sobre el acceso principal de la esquina se aprecia una ventana circular, un elemento ornamental y funcional tomado directamente de la arquitectura naval.

• Líneas horizontales depuradas: A diferencia de las casas chorizo neoclásicas con molduras recargadas, aquí predominan los volúmenes limpios, los muros lisos y las bandas horizontales que acentúan la sensación de dinamismo y aerodinamismo.

• Retiro de la línea municipal: A diferencia de las fachadas antiguas pegadas a la vereda, incorpora un pequeño jardín delantero con una reja baja perimetral que acompaña la fisonomía de los barrios residenciales modernos de mediados del siglo XX.



Mapas y planos de Quilmes a través del tiempo

"Carta Esférico del Río de la Plata, desde su desembocadura hasta Buenos Aires", de Felipe Bauza, con contribuciones de Andrés Oyarvide, R. Esteve y J. Morata. Fue publicado en 1815 por la Dirección de Hidrografía en Madrid. La carta mide 87 cm de ancho y 56 cm de alto.



Buenos Aires




El pueblo de Quilmes



Ejido fundacional de Quilmes según plano de Francisco Mesura, 1816.


Hacia 1815 Quilmes contaba con algo más de 1500 habitantes y la actividad productiva preponderante era la agropecuaria. En 1816 se fijaron los límites de la extensión destinada al establecimiento de chacras o tierras de pan llevar, “desde el puente de Barracas hasta el arroyo que llaman de Ximénez, y de éste, tirando al Poniente hasta el paso de las Piedras del arroyo nombrado de Gaete, concluyendo en el río Matanza”; fijándose además la prohibición de tenencia de animales, vacunos y equinos, excepto los necesarios para la labranza (Craviotto 1966:154). En el orden local se procedió a la adecuación jurídica y a la definición del ejido urbano de Quilmes con entrega de tierras y asiento de nuevos pobladores.

El plano confeccionado por el agrimensor Francisco Mesura constituyó la planta urbana del pueblo. En la extensión comprendida entre la barranca y las actuales calles Saavedra, Brandzen e Yrigoyen se trazaron manzanas, cada una de ellas divididas en cuatro solares; 12 quintas, de 4 manzanas cada una, entre Brandzen y Guido y Saavedra y Castelli, desde Yrigoyen hasta la barranca y 72 chacras de 16 manzanas cada una.

Los lotes urbanos fueron cedidos sujetos a ciertas exigencias, que en el caso de los ubicados en las manzanas en torno a la plaza principal, implicaban por parte del adjudicatario el compromiso de edificar una vivienda y levantar un cerco perimetral con especificación de materiales y altura.

El pueblo de Quilmes contaba por entonces con pulperías y una serie de tiendas para abastecimiento de los residentes y los pobladores del área de influencia. Se trazaron cuatro plazas, entre ellas la Mayor, actual Plaza San Martín, generándose posibilidades en la actividad productiva, con inclusión de procesos de conservación de carnes, importación de razas y nuevas técnicas agropecuarias.

Como se puede apreciar se trata de un trazado en daméro con cuatro plazas típico de las ciudades españolas fundadas en América. La particularidad consiste en que cada manzana tiene cuatro lotes; como me comentó el arq. Felito Iglesia cuando comparamos el plano de Quilmes con el de la ciudad de La Plata "ellos, los platenses, nacieron urbanos y ustedes (los quilmeños) quinteros.

Debe comprenderse hasta que punto el origen está ligado a la producción agropecuaria avalado por la traza original con quintas equivalentes a cuatro manzanas urbanas, designadas con letras, en los límites noroeste y sudoeste y las chacras con una superficie equivalente a 16 manzanas urbanas, designadas con números, ubicadas hacia sudoeste de la actual avenida H. Yrigoyen.

Agrego una imagen de una calle colonial de la ciudad de Buenos Aires. Deben imaginar que las calles de tierra, algunas empedradas, estaban pensadas en función del tránsito de caballos y carros. Calles y veredas eran muy angostas por eso es dificil imaginarlas con autos estacionados y tránsito fluido de vehiculos y colectivos y hasta hace poco de carros tirados por caballos. Originariamente las calles del centro no fueron arboladas y muchas persistieron así hasta la actualidad.

Cualquier niño consultado al respecto habría sentenciado "... si se deja el trazado colonial original se deberá establecer una densidad semibaja, no más de 3 pisos de altura y programar el tránsito de forma que ingrese lo menos posible al centro debiéndose rediseñar la periferia con polos de desarrollo, circunvalación circulatoria, reserva de espacios verdes y áreas de recreación planificadas.

Uno de los últimos profesionales que luchó denodadamente, desde la Secretaría de Planeamiento, por llevar a la práctica una modificación de la Ordenanza vigente, que contemplara la altura máxima de la edificación, topó con la férrea oposición de Inmobiliarias e inversores que por fin ganaron el consentimiento de las autoridades municipales.

(Jorge Buján)

El partido


Mapa del Partido de Quilmes hacia fines del siglo XIX. Cartografía Provincial.

Arriba hacia la izquierda se observa la cuadrícula de Quilmes con el camino de acceso a la ribera. Al norte está el área designada "Propiedad Municipal" donde se instalarían IMPA y otras instituciones.

Hacia el sudeste estan las Tierras Bajas que comunmente llamamos El Bañado. Hacia 1885 las tierras fueron cedidas A Wilhem (Guillermo) Parry quién desarrolló un vivero con un trabajo previo que implicó despojar de pajonales y la canalización del terreno. "Constatada practicamente la eficacia de la canalización que no dejaba detenerse el agua en ninguna parte se procedió a ocuparlo en el objeto a que se le destinaba: la plantación de árboles" (El Quilmero (No confundir con blog que lleva el mismo nombre), 18 de octubre de 1888).

Para 1888 contaba con "Un millón trescientas sesenta mil plantas de provecho que constituirán en breve una fortuna inagotable para su dueño. Agregando a esto que la tierra blanca de que se comprende el bañado es preferida para la alfarería resulta que ella proporciona el material para la construcción de las masetas lo mismo que de otras obras que se querían emprender" (El Quilmero, op. cit).

Cosidero importante comprender la trascendencia de este emprendimiento visionario a cargo de un extranjero en tierras cedidas por la Municipalidad de las que no llegó a ser propietario. Interesa señalar que en esta primera arborestación de las tierras bajas la Municipalidad habilitó los loteos que llevó a cabo la Inmobiliaria Fiorito Hnos.
(Jorge Buján)



 

Arquitectura en chapa en Quilmes


Alvear 184.

 

Arquitectura ladrillera en Quilmes


Cervecería Quilmes.

Imagen del edificio más antiguo (1890) con un módulo demolido que estaba ubicado hacia la izquierda donde se ven los dos tanques,. El edificio completo se ve en la imagen anterior.

Interesa aclarar que el estilo de este edificio se conoce como Rundbogenstil, y nació en Prusia hacia 1820, inspirado en la arquitectura medieval, en particular del románico porque se lo consideraba más flexible para los nuevos programas, en particular para las instalaciones industriales.

El estilo Rundbogenstil, también llamado revival románico alemán, se caracteriza por las volumetrías de ladrillo visto, con esquinas curvas, ventanas con dinteles de curvatura abierta eye-browed (forma de ceja) y cubiertas planas para evitar altillos que pudieran causar incendios.


La Ítalo 


Antigua subestación eléctrica de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad (CIAE).  Estas fachadas industriales se caracterizan por una estética neorrománica o lombarda muy particular. El sello de la empresa (diseñado en sus orígenes por el arquitecto italiano Giovanni Chiogna a principios del siglo XX) consistía en combinar ladrillo visto rojizo con molduras de piedra clara o revoque gris, arcos de medio punto sobre los accesos y remates superiores rectos tipo cornisas medievales. La llegada de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad a Quilmes y Bernal se consolidó principalmente a partir de 1928.



San Martín 260, junto al Colegio Bruzzone.


Av. Vicente López 171, al lado del centro cultural Artempié


Corrientes al 330, entre Vicente López y Sáenz Peña.  


Detalle


Viviendas


Casa Sucesión Ctibor, luego casa Nosz de 1933, esquina sudoeste de Mitre y Conesa (demolida).

Obra en mi poder el plano que acompaña la solicitud de la conección domiciliaria con la red. El plano es del 20 de octubre de 1933 y está a nombre de la Sucesión Francisco Ctibor, lo que implica que los herederos aún eran propietarios en la instancia previa a la venta a Nosz.
Francisco (František) Ctibor, de origen checo, es una figura clave para entender la transición de la producción artesanal a la gran escala industrial en la región, y su paso por Quilmes representa el eslabón inicial de esa historia.
La experiencia e infraestructura que Ctibor consolidó durante su estancia en Quilmes fueron el trampolín para el proyecto más ambicioso de su vida:
La oportunidad de 1882: Con la fundación de la ciudad de La Plata por parte de Dardo Rocha, la demanda de ladrillos de alta calidad para los palacios gubernamentales se volvió monumental.
Al detectar que los suelos de las afueras de la nueva capital eran óptimos, Ctibor decidió trasladar y expandir definitivamente sus operaciones hacia Ringuelet alrededor de 1888. Allí instaló la primera gran fábrica totalmente mecanizada del país (con hornos de sistema continuo Hoffmann), la cual proveyó los millones de ladrillos vistos que hoy definen la identidad de La Plata (como la Catedral o la Casa de Gobierno) (IA). Estoy tentado de dedicarle este párrafo a la querida arquitecta Susana Mangioni.
Su paso por Quilmes, por lo tanto, representa el período de experimentación y arraigo de uno de los industriales ceramistas más importantes de la historia bonaerense.
(Jorge Buján)


Chimenea de ladrillo a la vista con remate escalonado y aristas curvas. Villa Argentina.









La "casas chorizo" que perduran en Quilmes


 Tucumán esquina Manuel Quintana, hacia el este.

Vamos a realizar un viaje directo hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Entre el ajetreo moderno, todavía resisten con orgullo las casas chorizo, una tipología arquitectónica que no solo moldeó el paisaje urbano quilmeño, sino que funcionó como el reflejo fiel del progreso de la comunidad.

El refugio de la gran ola inmigratoria

Hacia 1880, la llegada masiva de inmigrantes italianos, españoles y de otras latitudes transformó por completo al antiguo pueblo de Quilmes. La necesidad de vivienda económica y funcional dio paso a la proliferación de estas construcciones. Las familias adaptaron los terrenos típicos de la zona —muchos de ellos derivados de las antiguas quintas y loteos coloniales— para dar vida a este sistema modular de habitaciones en hilera conectadas a un patio lateral.
En Quilmes, la casa chorizo cobró un significado especial. No solo sirvió como vivienda familiar, sino que fue el motor de la economía barrial. Muchas de estas propiedades vieron cómo su primera habitación del frente, con ventanas a las incipientes veredas quilmeñas, se transformaba en la sastrería del barrio, el almacén de ramos generales o la peluquería del pueblo. La mítica combinación del zaguán para la vida privada y la puerta a la calle para el comercio local definió la sociabilidad de la época.

Identidad constructiva local

A diferencia de las grandes mansiones de veraneo que las familias porteñas de clase alta construían en las barrancas de Quilmes, la casa chorizo representó la consolidación de la clase media trabajadora y comerciante. Sus fachadas —muchas de las cuales aún conservan las firmas de los constructores italianos grabadas en el revoque— exhiben un estilo neoclásico o italianizante adaptado:
• Grandes portales de madera de dos hojas y rejas de hierro forjado artísticamente.
• Molduras y cornisas que desafiaban la altura, coronando techos de bovedilla altísimos pensados para combatir la humedad de la cercanía con el río.
• Patios con aljibes y parrales, donde el aroma de los malvones y la cocina familiar unía a las distintas generaciones bajo el cielo quilmeño.

El desafío de la preservación

Hoy en día, las casas chorizo de Quilmes se debaten entre la nostalgia y el avance inmobiliario. Mientras que muchas de ellas lamentablemente han cedido su lugar a modernos edificios de departamentos, otras tantas experimentan un maravilloso proceso de reciclaje y puesta en valor.
Las nuevas generaciones han sabido redescubrir la nobleza de sus materiales (sus paredes de 30 centímetros de puro ladrillo asentado en cal, sus pisos de pinotea y sus aberturas de cedro) para transformarlas en estudios de arquitectura, centros culturales, oficinas o modernos cafés de especialidad y cervecerías boutique. Al resguardar sus fachadas y sus míticos patios, Quilmes no solo conserva ladrillos antiguos, sino que mantiene viva la memoria de aquellos pioneros que, hilera tras hilera, construyeron la identidad de la ciudad.

Las "casas ladrilleras" de Quilmes que subsisten desde fines del siglo XIX y principios del XX.

Las casas "ladrilleras" fueron aquellas viviendas humildes típicas de la zona pampeana que se construyeron desde fines del siglo XIX hasta principios del XX. Estaban asentadas en barro y tenían techos abovedados. Se distinguían dos tipologías diferenciadas, unas con la distribución típica de las casas chorizo y otras que en una alta proporción ocupaban esquinas con destino comercial. Eran muy altas y por lo tanto frescas en verano. 
Su característica estética principal era que no tenían revoque externo y sus ladrillos quedaban a la vista. En Quilmes hubo y hay un montón de ellas. Vamos a hacer un recorrido con las que todavía están de pie, con imagenes restauradas en aproximación al diseño original respectivo.


Garibaldi 749 esquina Cevallos, histórica y existente panadería.


Rivadavia esquina Cevallos, el viejo bar y almacén de Valverde.


Av. Otamendi esquina Monroe. Fue en sus comienzos almacén de ramos generales de una familia de origen Francés, los Panier, luego un bar de uno de sus nietos y finalmente "El retablo del bajo", un taller de dibujo y pintura del profesor-artista plástico Roberto Panier. Hoy, deshabitada.


Casa unifamiliar en Paso esquina Moreno


Antigua carnicería en Mitre esquina Castelli. Posteriormente funcionó una herrería.


Lavalle esquina 25 de Mayo, hoy funciona un restaurante.


Moreno esquina Solís, lugar que ocupó el Almacén de Cavanna. Conectado por Solís estaba el despacho de bebidas, donde se reunían a jugar a las cartas y a tomar un trago los hombres mayores.


Aristóbulo del Valle esquina Islas Malvinas, aquí funcionó el pub María Pombo


Aristóbulo del Valle esquina Tucumán, con obras de la famosa artista Hebe Liz Schweistein, que vivía enfrente en su "casa de los sueños".


Rodolfo Lopez esquina Manuel Quintana, hoy funciona una veterinaria.


Rodolfo López esquina Sáenz Peña, hoy con su fachada muy degradada y reformada.



Bernardo de Yrigoyen esquina Perón, era el almacén de la familia Gago hasta los 70, después fue un comité Radical, y después un boliche llamado la Blanqueada, la calle que era de adoquines hasta que hicieron el puente en el 74 y asfaltaron, en diagonal estaba el taller de Barale y en la otra esquina la carnicería de Tito y Gerardo.


Perón 563, entre Bernardo de Irigoyen y Manuel Quintana.


12 de Octubre esquina Marcelo T. de Alvear


Av. 12 de Octubre esquina Larrea, hubo una ferretería y hay una bianquería.


 Av. 12 de Octubre 482, allí arriba funcionó la inmobiliaria de Calabresse


Av. Felipe Amoedo 826.
 

Amoedo y M.T de Alvear. Aquí ocupó su lugar el almacén del "gallego" Gago, hasta que en noviembre de 1970 Alberto Rodríguez abrió una granja llamada "Las Tres A" de Alicia, Alberto y Alberto hijo. En las persianas sobre la avenida funcionó el taller mecánico de Bettini. Hoy la esquina es la granja Amoedo.


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Hay casas y comercios en Quilmes que pueden parecer, a primera vista, simplemente construcciones antiguas. Sin embargo, algunos de sus rasgos permiten reconstruir bastante de su historia: una fachada de ladrillo visto, puertas de doble hoja, aberturas excepcionalmente altas, pequeñas banderolas de ventilación y, en el interior, techos abovedados construidos con ladrillos y perfiles de hierro. Son huellas de una manera de construir que marcó buena parte del paisaje urbano argentino entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX.

La arquitectura doméstica de ese período está estrechamente relacionada con la expansión de la casa chorizo, una tipología que se desarrolló con fuerza entre aproximadamente 1880 y 1930 y que se extendió desde Buenos Aires y Rosario hacia numerosas ciudades del país. Quilmes no fue una excepción: las transformaciones urbanas y el crecimiento de la población dejaron una importante cantidad de construcciones que todavía sobreviven, aunque muchas hayan sido modificadas con el paso del tiempo.

Una de las claves está en los materiales. Los estudios sobre construcciones argentinas de fines del siglo XIX y comienzos del XX muestran que la mampostería de ladrillo cerámico común era el sistema predominante, mientras que el material de asiento utilizado en numerosas construcciones de la provincia de Buenos Aires era un mortero de cal, elaborado con arenas y, en algunos casos, agregados minerales.

Eso permite entender una diferencia importante respecto de las construcciones más antiguas. El ladrillo no desaparece, pero cambia la manera en que se utiliza y se combina con otros materiales. La incorporación de perfiles metálicos permitió desarrollar estructuras denominadas híbridas, en las que los muros de mampostería convivían con vigas y columnas de hierro.

El secreto está sobre nuestras cabezas

Uno de los elementos más característicos de aquellas construcciones es la bovedilla. Antes de la generalización del hormigón armado, los perfiles metálicos —en muchos casos perfiles doble T— podían funcionar como elementos resistentes sobre los cuales se construían pequeñas bóvedas de ladrillo.

El resultado era un sistema relativamente liviano y resistente para cubrir ambientes y entrepisos. Los perfiles quedaban separados a determinada distancia y entre ellos se construían las pequeñas bóvedas de ladrillo. La documentación técnica de comienzos del siglo XX ya registra este sistema, que se convirtió en una de las características de las construcciones híbridas de la época.

Por eso, cuando en una antigua vivienda o local de Quilmes aparece un techo interior abovedado, no se trata solamente de una decisión estética. Puede estar revelando la tecnología constructiva utilizada originalmente en el edificio.

La combinación de ladrillo, cal y hierro produjo construcciones que podían adoptar diferentes apariencias exteriores. Una misma tecnología podía estar detrás de una vivienda sencilla, un comercio, una casa de renta o un edificio público. La fachada podía incorporar recursos italianizantes, ornamentaciones o simplemente dejar visible el ladrillo.

Las puertas que parecen demasiado grandes

Otro rasgo que llama inmediatamente la atención son las aberturas altas. En las casas de esta época, las habitaciones solían tener techos elevados y las puertas podían alcanzar dimensiones que hoy resultan poco habituales.

La casa chorizo, por ejemplo, se organizaba mediante una sucesión de habitaciones vinculadas a una galería y a patios. Estudios sobre esta tipología señalan alturas importantes de los ambientes, mientras que las puertas y banderolas formaban parte de una arquitectura pensada para favorecer la iluminación y la ventilación natural.

Las banderolas, pequeñas aberturas ubicadas por encima de las puertas, constituyen otro detalle característico. En una época anterior al aire acondicionado y a los sistemas modernos de climatización, la relación entre altura, patios, galerías, ventanas y aberturas superiores tenía una importancia práctica.

No todos los edificios antiguos de Quilmes presentan exactamente la misma combinación de elementos. La arquitectura fue evolucionando y también dependió de la función del inmueble, los recursos económicos de sus propietarios y las modas de cada momento. Por eso, estos rasgos deben entenderse como indicios arquitectónicos, no como una fórmula automática para fechar una construcción.

La llegada del hierro

La incorporación de perfiles metálicos fue una de las grandes transformaciones de la construcción durante el siglo XIX. En la Argentina, su utilización se expandió progresivamente y se vinculó también con la llegada del ferrocarril y con la disponibilidad de productos industriales.

Los estudios del LEMIT señalan que el empleo de perfiles metálicos en estructuras comenzó a desarrollarse en el siglo XIX y que las estructuras híbridas se caracterizaron por combinar esos perfiles con mampostería de ladrillos. Para las primeras décadas del siglo XX, esta solución estaba ampliamente presente en diferentes tipos de edificios.

En la provincia de Buenos Aires, los relevamientos realizados sobre construcciones antiguas muestran precisamente esa combinación: ladrillos cerámicos comunes, morteros de cal y perfiles metálicos. Algunas de las estructuras analizadas tienen alrededor de un siglo de antigüedad.

Es también una tecnología que explica algunas de las patologías que hoy pueden observarse en estos edificios. El hierro oculto dentro de muros o bovedillas puede sufrir corrosión cuando existen filtraciones y humedad. La expansión producida por la oxidación puede generar fisuras, desprendimientos y deformaciones en los materiales que lo rodean.

El cambio que llegó con el hormigón

El sistema no desapareció de un día para otro, pero la década de 1930 marca un punto de inflexión. El trabajo del LEMIT señala que a partir de esa década el hormigón armado se generalizó en la Argentina y fue reemplazando progresivamente a las construcciones híbridas basadas en mampostería y perfiles metálicos.

La transformación no fue solamente técnica. También cambió la arquitectura. Las nuevas posibilidades estructurales ofrecidas por el hormigón armado facilitaron otras formas de organizar los espacios y acompañaron la expansión de nuevas corrientes arquitectónicas.

De esta manera, las primeras décadas del siglo XX pueden entenderse como un período de transición: todavía sobreviven sistemas tradicionales de mampostería, pero al mismo tiempo aparecen materiales y tecnologías industriales que terminarán modificando profundamente la manera de construir.

Una ciudad que todavía conserva esas huellas

En Quilmes, muchas de esas construcciones fueron transformadas. Algunas perdieron sus fachadas originales bajo capas de pintura o revoque; otras incorporaron persianas, locales comerciales, cocheras o ampliaciones; algunas conservaron solamente sus muros y otras todavía permiten reconocer buena parte de su configuración original.

Por eso, recorrer determinadas calles de Quilmes o Bernal puede convertirse en una pequeña lectura de la historia de la construcción. Un ladrillo, una banderola, una puerta alta o una bóveda pueden decir mucho más de lo que parece.

La vieja arquitectura quilmeña no fue construida con los materiales ni con las técnicas que predominan hoy. Detrás de esas fachadas hay una época en la que la cal, el ladrillo y el hierro convivieron durante décadas, mientras la ciudad crecía y adoptaba nuevas formas de habitar.

Y quizás una de las características más interesantes de estas construcciones sea precisamente esa: siguen estando allí. Muchas veces modificadas, ocultas o deterioradas, pero todavía capaces de revelar, para quien sabe observarlas, cómo se construía el Quilmes de hace más de un siglo.

Fuentes: estudios del LEMIT-CIC sobre construcciones de fines del siglo XIX y principios del XX; trabajos sobre la casa chorizo y documentación histórica de la arquitectura de Quilmes.