A diferencia de la masiva corriente británica, la presencia de norteamericanos (estadounidenses) en Quilmes no se dio como una inmigración comunitaria de grandes proporciones, sino a través de casos individuales muy específicos que tuvieron un impacto gigantesco en la cultura, la ciencia y la fisonomía de la región.Los hitos y personajes estadounidenses más importantes en la historia quilmeña incluyen:
Guillermo Enrique Hudson
El célebre escritor y naturalista Guillermo Enrique Hudson nació el 4 de agosto de 1841 en la estancia "Los 25 Ombúes", situada en lo que en ese entonces formaba parte del partido de Quilmes (hoy zona de Florencio Varela) en la provincia de Buenos Aires, entonces un estado soberano dentro de la Confederación Argentina. Una localidad del vecino Berazategui lleva su nombre.
Su padre, Daniel Hudson, era oriundo de Massachusetts (descendiente de los colonos del barco Mayflower), y su madre, Caroline Augusta Kimble, era de Boston. Llegaron al Río de la Plata en la década de 1830 y compraron la histórica estancia en el antiguo territorio de Quilmes. Aunque la zona estaba rodeada de vecinos ingleses y escoceses, el hogar de los Hudson mantenía costumbres norteamericanas coloniales, lo que marcó profundamente la infancia del escritor.
Hudson escribió toda su obra científica y literaria en inglés, destacando clásicos universales como Allá lejos y hace tiempo. Naturalista, activista por la vida silvestre y escritor , es considerado el primer ambientalista literario del mundo, y falleció en Worthington, Inglaterra, el 18 de agosto de 1922.
Melville Sewell Bagley
El caso de Melville Sewell Bagley (1838-1880) es precisamente el ejemplo más extraordinario y emblemático de un norteamericano profundamente ligado a la historia de la región. Aunque la famosa fábrica de galletitas Bagley Argentina S.A. se instaló en la Ciudad de Buenos Aires, la vida y las creaciones más famosas de su fundador tuvieron como epicentro a Bernal, localidad que forma parte del partido de Quilmes.
Tras emigrar desde Maine (Estados Unidos) debido a la Guerra de Secesión, Bagley se instaló en la Argentina y en 1871 adquirió tierras en Bernal, donde mandó a construir una imponente finca de veraneo conocida por los vecinos como la "Casona Bagley" (ubicada en la esquina de las actuales calles Dorrego y Zapiola).
En los jardines de esa propiedad, Bagley poseía una inmensa plantación de naranjos amargos. Existe una arraigada tradición histórica local que señala que, experimentando con las cortezas de esas mismas naranjas de su finca bernalense, perfeccionó la fórmula de la Hesperidina. Este licor estomacal, lanzado en 1864, se convirtió en un éxito descomunal y pasó a la historia grande del país por ser la primera patente y marca registrada de la República Argentina (el Certificado Nº 1) en 1876, un trámite que el propio Bagley impulsó personalmente ante el presidente Nicolás Avellaneda.
Más allá de su rol como industrial alimenticio, Bagley fue un gran inversor del progreso urbano quilmeño. En 1873, junto a un grupo de socios, instaló y financió el primer tranvía a caballos de Quilmes. Esta línea conectaba directamente la estación de ferrocarril con la Ribera del Río de la Plata. Aunque el emprendimiento comercial no prosperó a largo plazo y terminó cerrando, marcó el puntapié inicial para la explotación turística y recreativa de la costa de Quilmes, transformando el perfil de la ciudad.
A pesar de su incalculable valor identitario para el sur del Conurbano, la histórica Casona Bagley de Bernal —la construcción civil más antigua de la localidad después de la mítica e histórica chacra de Santa Coloma— fue tristemente demolida en mayo de 2023. Tras décadas de abandono y de reclamos vecinales e institucionales por parte de la Junta de Estudios Históricos de Quilmes para que fuera declarada patrimonio protegido, la propiedad privada sucumbió a la picota para dar lugar a nuevos proyectos inmobiliarios.
Hoy en día, el apellido de este pionero estadounidense sigue grabado en la memoria colectiva y en los adoquines del centro de Bernal, recordando al hombre que unió las naranjas de los jardines quilmeños con el nacimiento de la industria comercial moderna en el país.
El Ingeniero William Wheelwright
Nacido en Massachusetts, William Wheelwright fue uno de los empresarios e ingenieros civiles estadounidenses más influyentes de Sudamérica en el siglo XIX. Aunque su centro de operaciones estaba en Buenos Aires, su impacto en Quilmes fue directo e histórico.
Tras ser convocado por el gobierno argentino para expandir las líneas de transporte, Wheelwright asumió la monumental tarea de extender las vías del ferrocarril hacia el sur. Él fue el artífice y director de la obra que construyó el Ferrocarril Buenos Ayres al Puerto de la Ensenada. Gracias a su trabajo, en 1872 el tren llegó finalmente a Quilmes, lo que sacó al pueblo de su aislamiento rural, provocó la llegada masiva de nuevos pobladores británicos y transformó por completo la fisonomía de la ciudad.
El náufrago que le regaló el tren a Quilmes
En 1823, un joven capitán norteamericano de 25 años llamado William Wheelwright salvó su vida de milagro al naufragar en el Río de la Plata y nadar exhausto hasta las costas de Quilmes. Despojado de todo, el precario caserío local lo cobijó, lo curó y lo vistió. Aquel gesto solidario marcó a fuego al marino, quien solía repetir: “Yo nací dos veces: la primera en Estados Unidos y la segunda en Quilmes”.
Casi medio siglo después, convertido en uno de los ingenieros y empresarios ferroviarios más poderosos de Sudamérica, Wheelwright tuvo su oportunidad de retribución. Convocado por vecinos notables para destrabar las paralizadas obras del tendido hacia el sur, aceptó la concesión de inmediato con el único fin de saldar su deuda de honor.
El 18 de abril de 1872, el silbato de la primera locomotora rompió el silencio del pueblo, inaugurando el ferrocarril que sacaría a Quilmes de su aislamiento rural. Días después de cumplir su promesa de traer el progreso, Wheelwright envió una generosa donación personal de $25.000 pesos de la época destinada exclusivamente a los vecinos más necesitados del partido. Una historia cinematográfica de gratitud y progreso que transformó para siempre la fisonomía quilmeña.
Un monolito en la plaza de la estación por décadas reconoció su labor. Recientemente fue reemplazado.




