miércoles, 9 de septiembre de 2026

Irlandeses en Quilmes: Brown - Wilde y los ovejeros

La Batalla de Quilmes: El bautismo de gloria del Almirante Brown

El máximo héroe naval argentino, el Almirante Guillermo Brown (1777–1857), dejó grabado su nombre en la historia de Quilmes no como vecino, sino a través de una de las gestas militares más audaces del siglo XIX: la Batalla de Quilmes, librada el 30 de julio de 1826 en el marco de la Guerra del Brasil.


Frente a las costas del actual partido, la modesta escuadra argentina liderada por el marino de origen irlandés se enfrentó en una lucha desigual contra la poderosa flota del Imperio del Brasil. A bordo de la fragata 25 de Mayo, Brown desplegó una brillante estrategia táctica que, a pesar de la inferioridad numérica y de armamento, logró contener el avance enemigo y consolidar la defensa de las playas locales.

Este hito marcó a fuego la identidad quilmeña. En su honor, el municipio bautizó una de sus principales arterias céntricas y fundó el Museo Histórico Regional "Almirante Guillermo Brown" en una histórica casona de la localidad de Bernal. Allí se custodian maquetas, cartas náuticas y piezas arqueológicas que mantienen viva la memoria del día en que el gran almirante irlandés convirtió el Río de la Plata quilmeño en un escenario de gloria nacional.


Una de las representaciones pictóricas más famosas sobre el Combate Naval de Quilmes (1826) es la acuarela y obra histórica de la fragata insignia "25 de Mayo" realizada por el capitán y pintor naval Emilio Biggeri (1907-1977), marino y artista prolífico dedicado a la reconstrucción de la historia naval argentina. Estilo: Acuarelas y óleos que detallan con rigor técnico los aparejos, el humo de los cañones y la rudeza del Río de la Plata. 

Más sobre el combate de Quilmes, aquí.


El doctor José Antonio Wilde: El alma intelectual de Quilmes


El doctor José Antonio Wilde (1814–1885) fue mucho más que un médico en el Quilmes del siglo XIX: se convirtió en el gran articulador social, cultural y sanitario del pueblo. Nacido en Buenos Aires y portador de una vibrante herencia irlandesa, Wilde adoptó a Quilmes como su patria chica a partir de 1853, dejando una huella imborrable que transformó la comunidad para siempre.

Como pionero de la salud pública, Wilde lideró con enorme heroísmo la lucha local contra las devastadoras epidemias de cólera y fiebre amarilla que azotaron a la región. Su visión humanista lo llevó a fundar las primeras escuelas públicas del partido y a presidir el Consejo Escolar local, convencido de que la educación era el único motor de progreso para los vecinos. Además, desplegó su faceta periodística al fundar El Progreso de Quilmes, el primer periódico de la localidad.

Su influencia fue tan grande que fue el propio Wilde quien convenció al ingeniero norteamericano William Wheelwright de asumir las obras ferroviarias para conectar al pueblo, logrando la histórica llegada del tren en 1872. Intelectual brillante, plasmó sus vivencias en su célebre libro Buenos Aires desde setenta años atrás, un clásico de la literatura costumbrista nacional. José Antonio Wilde falleció en Quilmes en 1885, recordado eternamente como el médico y pensador que le dio identidad moderna al partido.

  Primer periódico de Quilmes "El Progreso de Quilmes" creado por el Dr. Wilde.


Busto del Dr. Wilde en la plaza homónima.


Marmol en el atrio de la Catedral de Quilmes, que indica la sepultura del Dr. José Antonio Wilde.


Las familias irlandesas del Quilmes rural

A mediados del siglo XIX, mientras los ingenieros y comerciantes ingleses monopolizaban el centro urbano de Quilmes, una corriente de inmigrantes irlandeses se abría paso silenciosamente en la periferia rural del antiguo partido. Familias como los Sandes, Thompson, Yates y Kelly se radicaron en los campos de la región (en zonas que hoy abarcan Quilmes Oeste, Ezpeleta o Florencio Varela) para dedicarse por entero a la floreciente actividad agropecuaria y la cría de ovejas.

A diferencia de sus vecinos británicos, los irlandeses poseían una particularidad que definió su destino en el Conurbano Sur: profesaban la fe católica. Esta afinidad religiosa con la población local aceleró un profundo proceso de asimilación cultural y acriollamiento. A través de matrimonios mixtos con familias criollas, vascas e italianas, las nuevas generaciones integraron rápidamente sus tradiciones celtas a la identidad nacional, perdiendo el idioma inglés mucho antes que otras colectividades angloparlantes. Hoy en día, sus apellidos en las calles y registros históricos locales custodian la memoria de aquellos hábiles puesteros que transformaron la economía de la costa quilmeña.