Lo que voy a relatar tiene que ver con algo sucedido en el barrio, no en casa. Sí con el final de la vida...
En las calles empedradas de aquella ciudad de anchos horizontes y pocos vehículos, perímetro de universo bullanguero, solíamos jugar a la pelota. Recuerdo la ocasión en que un pibe gordito de nuestra edad ensayaba unas gambetas y paraba de golpe, empapado en sudor....
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