jueves, 8 de octubre de 2026

La "casas chorizo" que perduran en Quilmes


 Tucumán esquina Manuel Quintana, hacia el este.

Vamos a realizar un viaje directo hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Entre el ajetreo moderno, todavía resisten con orgullo las casas chorizo, una tipología arquitectónica que no solo moldeó el paisaje urbano quilmeño, sino que funcionó como el reflejo fiel del progreso de la comunidad.

El refugio de la gran ola inmigratoria

Hacia 1880, la llegada masiva de inmigrantes italianos, españoles y de otras latitudes transformó por completo al antiguo pueblo de Quilmes. La necesidad de vivienda económica y funcional dio paso a la proliferación de estas construcciones. Las familias adaptaron los terrenos típicos de la zona —muchos de ellos derivados de las antiguas quintas y loteos coloniales— para dar vida a este sistema modular de habitaciones en hilera conectadas a un patio lateral.
En Quilmes, la casa chorizo cobró un significado especial. No solo sirvió como vivienda familiar, sino que fue el motor de la economía barrial. Muchas de estas propiedades vieron cómo su primera habitación del frente, con ventanas a las incipientes veredas quilmeñas, se transformaba en la sastrería del barrio, el almacén de ramos generales o la peluquería del pueblo. La mítica combinación del zaguán para la vida privada y la puerta a la calle para el comercio local definió la sociabilidad de la época.

Identidad constructiva local

A diferencia de las grandes mansiones de veraneo que las familias porteñas de clase alta construían en las barrancas de Quilmes, la casa chorizo representó la consolidación de la clase media trabajadora y comerciante. Sus fachadas —muchas de las cuales aún conservan las firmas de los constructores italianos grabadas en el revoque— exhiben un estilo neoclásico o italianizante adaptado:
• Grandes portales de madera de dos hojas y rejas de hierro forjado artísticamente.
• Molduras y cornisas que desafiaban la altura, coronando techos de bovedilla altísimos pensados para combatir la humedad de la cercanía con el río.
• Patios con aljibes y parrales, donde el aroma de los malvones y la cocina familiar unía a las distintas generaciones bajo el cielo quilmeño.

El desafío de la preservación

Hoy en día, las casas chorizo de Quilmes se debaten entre la nostalgia y el avance inmobiliario. Mientras que muchas de ellas lamentablemente han cedido su lugar a modernos edificios de departamentos, otras tantas experimentan un maravilloso proceso de reciclaje y puesta en valor.
Las nuevas generaciones han sabido redescubrir la nobleza de sus materiales (sus paredes de 30 centímetros de puro ladrillo asentado en cal, sus pisos de pinotea y sus aberturas de cedro) para transformarlas en estudios de arquitectura, centros culturales, oficinas o modernos cafés de especialidad y cervecerías boutique. Al resguardar sus fachadas y sus míticos patios, Quilmes no solo conserva ladrillos antiguos, sino que mantiene viva la memoria de aquellos pioneros que, hilera tras hilera, construyeron la identidad de la ciudad.