Las casas "ladrilleras" fueron aquellas viviendas humildes típicas de la zona pampeana que se construyeron desde fines del siglo XIX hasta principios del XX. Estaban asentadas en barro y tenían techos abovedados. Se distinguían dos tipologías diferenciadas, unas con la distribución típica de las casas chorizo y otras que en una alta proporción ocupaban esquinas con destino comercial. Eran muy altas y por lo tanto frescas en verano.
Su característica estética principal era que no tenían revoque externo y sus ladrillos quedaban a la vista. En Quilmes hubo y hay un montón de ellas. Vamos a hacer un recorrido con las que todavía están de pie, con imagenes restauradas en aproximación al diseño original respectivo.
Garibaldi 749 esquina Cevallos, histórica y existente panadería.
Rivadavia esquina Cevallos, el viejo bar y almacén de Valverde.
Av. Otamendi esquina Monroe. Fue en sus comienzos almacén de ramos generales de una familia de origen Francés, los Panier, luego un bar de uno de sus nietos y finalmente "El retablo del bajo", un taller de dibujo y pintura del profesor-artista plástico Roberto Panier. Hoy, deshabitada.
Casa unifamiliar en Paso esquina Moreno
Antigua carnicería en Mitre esquina Castelli. Posteriormente funcionó una herrería.
Lavalle esquina 25 de Mayo, hoy funciona un restaurante.
Moreno esquina Solís, lugar que ocupó el Almacén de Cavanna. Conectado por Solís estaba el despacho de bebidas, donde se reunían a jugar a las cartas y a tomar un trago los hombres mayores.
Aristóbulo del Valle esquina Islas Malvinas, aquí funcionó el pub María Pombo
Aristóbulo del Valle esquina Tucumán, con obras de la famosa artista Hebe Liz Schweistein, que vivía enfrente en su "casa de los sueños".
Rodolfo Lopez esquina Manuel Quintana, hoy funciona una veterinaria.
Rodolfo López esquina Sáenz Peña, hoy con su fachada muy degradada y reformada.
Bernardo de Yrigoyen esquina Perón, era el almacén de la familia Gago hasta los 70, después fue un comité Radical, y después un boliche llamado la Blanqueada, la calle que era de adoquines hasta que hicieron el puente en el 74 y asfaltaron, en diagonal estaba el taller de Barale y en la otra esquina la carnicería de Tito y Gerardo.
Perón 563, entre Bernardo de Irigoyen y Manuel Quintana.
12 de Octubre esquina Marcelo T. de Alvear
Av. 12 de Octubre esquina Larrea, hubo una ferretería y hay una bianquería.
Av. 12 de Octubre 482, allí arriba funcionó la inmobiliaria de Calabresse
Amoedo y M.T de Alvear. Aquí ocupó su lugar el almacén del "gallego" Gago, hasta que en noviembre de 1970 Alberto Rodríguez abrió una granja llamada "Las Tres A" de Alicia, Alberto y Alberto hijo. En las persianas sobre la avenida funcionó el taller mecánico de Bettini. Hoy la esquina es la granja Amoedo.
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Hay casas y comercios en Quilmes que pueden parecer, a primera vista, simplemente construcciones antiguas. Sin embargo, algunos de sus rasgos permiten reconstruir bastante de su historia: una fachada de ladrillo visto, puertas de doble hoja, aberturas excepcionalmente altas, pequeñas banderolas de ventilación y, en el interior, techos abovedados construidos con ladrillos y perfiles de hierro. Son huellas de una manera de construir que marcó buena parte del paisaje urbano argentino entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX.
La arquitectura doméstica de ese período está estrechamente relacionada con la expansión de la casa chorizo, una tipología que se desarrolló con fuerza entre aproximadamente 1880 y 1930 y que se extendió desde Buenos Aires y Rosario hacia numerosas ciudades del país. Quilmes no fue una excepción: las transformaciones urbanas y el crecimiento de la población dejaron una importante cantidad de construcciones que todavía sobreviven, aunque muchas hayan sido modificadas con el paso del tiempo.
Una de las claves está en los materiales. Los estudios sobre construcciones argentinas de fines del siglo XIX y comienzos del XX muestran que la mampostería de ladrillo cerámico común era el sistema predominante, mientras que el material de asiento utilizado en numerosas construcciones de la provincia de Buenos Aires era un mortero de cal, elaborado con arenas y, en algunos casos, agregados minerales.
Eso permite entender una diferencia importante respecto de las construcciones más antiguas. El ladrillo no desaparece, pero cambia la manera en que se utiliza y se combina con otros materiales. La incorporación de perfiles metálicos permitió desarrollar estructuras denominadas híbridas, en las que los muros de mampostería convivían con vigas y columnas de hierro.
El secreto está sobre nuestras cabezas
Uno de los elementos más característicos de aquellas construcciones es la bovedilla. Antes de la generalización del hormigón armado, los perfiles metálicos —en muchos casos perfiles doble T— podían funcionar como elementos resistentes sobre los cuales se construían pequeñas bóvedas de ladrillo.
El resultado era un sistema relativamente liviano y resistente para cubrir ambientes y entrepisos. Los perfiles quedaban separados a determinada distancia y entre ellos se construían las pequeñas bóvedas de ladrillo. La documentación técnica de comienzos del siglo XX ya registra este sistema, que se convirtió en una de las características de las construcciones híbridas de la época.
Por eso, cuando en una antigua vivienda o local de Quilmes aparece un techo interior abovedado, no se trata solamente de una decisión estética. Puede estar revelando la tecnología constructiva utilizada originalmente en el edificio.
La combinación de ladrillo, cal y hierro produjo construcciones que podían adoptar diferentes apariencias exteriores. Una misma tecnología podía estar detrás de una vivienda sencilla, un comercio, una casa de renta o un edificio público. La fachada podía incorporar recursos italianizantes, ornamentaciones o simplemente dejar visible el ladrillo.
Las puertas que parecen demasiado grandes
Otro rasgo que llama inmediatamente la atención son las aberturas altas. En las casas de esta época, las habitaciones solían tener techos elevados y las puertas podían alcanzar dimensiones que hoy resultan poco habituales.
La casa chorizo, por ejemplo, se organizaba mediante una sucesión de habitaciones vinculadas a una galería y a patios. Estudios sobre esta tipología señalan alturas importantes de los ambientes, mientras que las puertas y banderolas formaban parte de una arquitectura pensada para favorecer la iluminación y la ventilación natural.
Las banderolas, pequeñas aberturas ubicadas por encima de las puertas, constituyen otro detalle característico. En una época anterior al aire acondicionado y a los sistemas modernos de climatización, la relación entre altura, patios, galerías, ventanas y aberturas superiores tenía una importancia práctica.
No todos los edificios antiguos de Quilmes presentan exactamente la misma combinación de elementos. La arquitectura fue evolucionando y también dependió de la función del inmueble, los recursos económicos de sus propietarios y las modas de cada momento. Por eso, estos rasgos deben entenderse como indicios arquitectónicos, no como una fórmula automática para fechar una construcción.
La llegada del hierro
La incorporación de perfiles metálicos fue una de las grandes transformaciones de la construcción durante el siglo XIX. En la Argentina, su utilización se expandió progresivamente y se vinculó también con la llegada del ferrocarril y con la disponibilidad de productos industriales.
Los estudios del LEMIT señalan que el empleo de perfiles metálicos en estructuras comenzó a desarrollarse en el siglo XIX y que las estructuras híbridas se caracterizaron por combinar esos perfiles con mampostería de ladrillos. Para las primeras décadas del siglo XX, esta solución estaba ampliamente presente en diferentes tipos de edificios.
En la provincia de Buenos Aires, los relevamientos realizados sobre construcciones antiguas muestran precisamente esa combinación: ladrillos cerámicos comunes, morteros de cal y perfiles metálicos. Algunas de las estructuras analizadas tienen alrededor de un siglo de antigüedad.
Es también una tecnología que explica algunas de las patologías que hoy pueden observarse en estos edificios. El hierro oculto dentro de muros o bovedillas puede sufrir corrosión cuando existen filtraciones y humedad. La expansión producida por la oxidación puede generar fisuras, desprendimientos y deformaciones en los materiales que lo rodean.
El cambio que llegó con el hormigón
El sistema no desapareció de un día para otro, pero la década de 1930 marca un punto de inflexión. El trabajo del LEMIT señala que a partir de esa década el hormigón armado se generalizó en la Argentina y fue reemplazando progresivamente a las construcciones híbridas basadas en mampostería y perfiles metálicos.
La transformación no fue solamente técnica. También cambió la arquitectura. Las nuevas posibilidades estructurales ofrecidas por el hormigón armado facilitaron otras formas de organizar los espacios y acompañaron la expansión de nuevas corrientes arquitectónicas.
De esta manera, las primeras décadas del siglo XX pueden entenderse como un período de transición: todavía sobreviven sistemas tradicionales de mampostería, pero al mismo tiempo aparecen materiales y tecnologías industriales que terminarán modificando profundamente la manera de construir.
Una ciudad que todavía conserva esas huellas
En Quilmes, muchas de esas construcciones fueron transformadas. Algunas perdieron sus fachadas originales bajo capas de pintura o revoque; otras incorporaron persianas, locales comerciales, cocheras o ampliaciones; algunas conservaron solamente sus muros y otras todavía permiten reconocer buena parte de su configuración original.
Por eso, recorrer determinadas calles de Quilmes o Bernal puede convertirse en una pequeña lectura de la historia de la construcción. Un ladrillo, una banderola, una puerta alta o una bóveda pueden decir mucho más de lo que parece.
La vieja arquitectura quilmeña no fue construida con los materiales ni con las técnicas que predominan hoy. Detrás de esas fachadas hay una época en la que la cal, el ladrillo y el hierro convivieron durante décadas, mientras la ciudad crecía y adoptaba nuevas formas de habitar.
Y quizás una de las características más interesantes de estas construcciones sea precisamente esa: siguen estando allí. Muchas veces modificadas, ocultas o deterioradas, pero todavía capaces de revelar, para quien sabe observarlas, cómo se construía el Quilmes de hace más de un siglo.
Fuentes: estudios del LEMIT-CIC sobre construcciones de fines del siglo XIX y principios del XX; trabajos sobre la casa chorizo y documentación histórica de la arquitectura de Quilmes.